QUIEN ES LA CAMPEONA MUNDIAL DE SALTO TRIPLE???
La historia de cómo Caterine Ibargüen derrotó
la pobreza y conquistó el mundo
Cortesía prensa latina-vanguardia.com / Revista Farodeportes
Una larga carrera contra la pobreza. Un
enorme salto contra la adversidad. Una fe gigantesca en su poder interior. Una
capacidad infinita para sonreir a pesar de todo. Caterine Ibargüen Mena, la
mujer que hoy viste de gloria al deporte colombiano, es la suma de todo eso y
mucho más.
Lo que más impresiona en ella no son tanto sus
récords deportivos, ni sus larguísimas piernas, ni su poderosa condición
física. Lo que realmente impacta es el encanto que envuelven esos 180
centímetros de negrura pura; ese ‘duende’ que se le alborota minutos antes de
cada salto, y que la convierte en la favorita de los asistentes a las tribunas,
sin que ni siquiera haya comenzado la competencia: Caterine se ríe todo el
tiempo. Con los labios y, sobre todo, con los ojos. Gesticula con los brazos,
pide apoyo del público, se habla a sí misma, se grita lo que ya sabe: que tiene
la fuerza necesaria, que es una campeona, que sus piernas son las de todo un
país, que se merece el triunfo. Es en ese momento, antes de atacar la pista con
su zancada de gacela indómita, cuando Caterine se empieza a ganar todas sus
medallas.
¿De dónde sacó Caterine su ‘duende’? ¿De dónde la
sonrisa y el empuje? ¿De dónde el aguante y esas ganas de llegar cada vez más
lejos? De una fuente inagotable, propia del Tercer Mundo, que bien asimilada se
convierte en el más poderoso combustible para la dura carrera que es vivir. Se
llama carencia. Y carencia es la palabra que definió la infancia de Caterine
Ibargüen en Apartadó, la tierra donde llegó al mundo el 12 de febrero de 1984.
Papá y Mamá no fueron palabras muy propias del
alfabeto de su infancia. Los dos, William y Francisca, que habían luchado a
brazo partido para sobrevivir a la pobreza, no pudieron sobrevivir al desamor.
En aquellos años la máquina de la guerra que aún recorre a Colombia sembraba de
terror
al Urabá antioqueño, y para muchos era imposible
conservar vida y amor al tiempo: él terminó en Venezuela y ella tuvo que irse a
Turbo para trabajar como empleada doméstica.
La pequeña Caterine y su hermano mayor, Luis
Alberto, se quedaron en Apartadó bajo el cuidado de su abuela, doña Ayola
Rivas, esa misma señora de cabeza blanca a la que ahora en televisión llaman
‘la superabuela’. Como tantas otras mujeres del país que no sale en televisión,
durante años Ayola hizo el milagro diario de evitar que los dos muchachos se le
murieran de hambre. Y, como si eso fuera poco, además se las arregló para que
fueran al colegio San Francisco de Asís.
Y allá, sin saberlo, Caterine inició el largo
camino hacia las pistas y las medallas. Antes que el atletismo, y
específicamente la modalidad del salto triple, su primera pasión deportiva fue
el voleibol. Y, como tantas veces ocurre en las historias de carencia, hubo
alguien que tuvo los ojos agudos para descubrir todo el potencial que se
escondía en esa muchachita de las piernas largas y los ojos vivarachos.
El profesor de educación física Wilder Zapata la
puso a probar en los 150 metros planos y a partir de allí empezó a adornar su
cuarto con medallas de competencias de intercolegiados. Su fama de atleta
trascendió los límites de Apartadó y Caterine recibió el ofrecimiento de irse a
entrenar a Medellín.
Fue en la Villa Deportiva Antonio Roldán
Betancourt, de esa ciudad, donde Caterine se convenció de que su destino estaba
en el atletismo. Su primera medalla en competencia formal fue de bronce y no la
consiguió con el salto triple, sino con salto de altura. Fue en el Campeonato
Suramericano de Atletismo de 1999, cuando hizo una marca de 1,76 metros. Apenas
contaba 15 años de edad.
Al salto de altura le dedicó la mayor parte de su
carrera deportiva, pero en realidad esta era una estación más de enseñanza para
Caterine. Le faltaba aprender a levantarse después de la derrota.
En esa modalidad participó en el 2006 en el campeonato mundial en pista
cubierta de Moscú, sin buenos resultados. Y después vendría lo peor: no logró
clasificar a los Olímpicos de Pekín 2008, lo que por poco la lleva a retirarse
del atletismo.
Pero hace cuatro años, siempre en busca de llegar
más lejos, le dio un cambio radical a su vida. Decidió irse a vivir a Puerto
Rico, para iniciar un nuevo proceso de preparación con el entrenador cubano
Ubaldo Duany, quien le propuso centrarse exclusivamente en la especialidad del
salto triple.
Atrás quedaron la abuela Ayola y su hermano Luis
Alberto, los amigos, la rumba, el paisaje de Medellín y los recuerdos de
Apartadó. Para compensar un poco la nostalgia, allá se propuso estudiar
enfermería, un sueño que tenía embolatado porque de niña siempre le gustó la idea
de ayudar a los más necesitados.
Su vida hoy es distinta. Caterine sueña con
casarse y tener hijos. El candidato número uno para esa empresa es el atleta
antioqueño Alexander Ramos, su novio y el hombre que la ha apoyado en los
últimos años.
Ese giro radical fue el que finalmente la puso en
la senda de sus grandes victorias. En el Mundial de Corea del Sur alcanzó el
bronce, en los Juegos Panamericanos de Guadalajara se colgó la de oro y llegó a
Londres lista para disputar la de oro. Alcanzó la de plata, pero los
colombianos sabían que se podía esperar mucho más de ella.
COMO SE CORONO CAMPEONA DE LA LIGA DE
DIAMANTE?
La suramericana tuvo un secuencia excelente, pues saltó
14.45 metros en su primer intento, y 14.75 en el segundo, después sumó dos
buenos registros (14.52 y 14.63), falló en el quinto saltó y consiguió un 14.98
en el cierre, para sellar su actuación esta temporada.
Sin embargo, la atleta no logró superar su marca personal y
mejor registro del año, los 15.31 metros, logrados en Mónaco el pasado 18 de
julio y que era uno de sus objetivos en la actual competencia. A pesar de
mantener su racha ganadora Ibargüen tampoco pudo batir el récord de esta
modalidad que ostenta la ucraniana Inessa Kravets (15.50 metros) desde 1995. En
el podio del memorial Van Damme, detrás que la colombiana, quedaron la
ucraniana Olha Saladukha (14.53) y la rusa Yekaterina Koneva (14.40) con plata
y bronce, respectivamente. Ibargüen sumó su quinto triunfo en la Liga y un
total de 28 puntos, Koneva fue segunda con ocho unidades y Saladukha tercera
con seis, igualada con la jamaicana Kimberly Williams. Por su parte la
neozelandesa Valerie Adams ratificó su supremacía y consiguió una séptima
victoria en igual cantidad de pruebas del lanzamiento de peso de la Liga de
Diamante. Adams es la única atleta, teniendo en cuenta hombres y mujeres, en
conseguir ese éxito esta temporada. Con un lanzamiento de 20.59 metros la
neozelandesa estableció además una nueva mejor marca mundial de la temporada,
al superar el 20.46 conseguido por ella el 29 de marzo en Wellington. La doble
campeona olímpica y cuatro veces oro mundial, consiguió así su victoria 56 de
forma consecutiva.

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